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BLOG de Gabinete Castello. Por Leticia psicóloga y sexóloga.

Modificación de conducta

Cuando los psicólogos hablamos de conducta, no solo tenemos en cuenta las respuestas manifiestas ante una determinada situación, es decir, aquello que podemos ver u oír, aquello que la persona dice o hace, o deja de hacer o de decir.

También tenemos que fijarnos en que hay una parte de la conducta que no se ve, ni se oye, es una respuesta encubierta que ocurre dentro de la persona y que tiene una importancia vital en el desarrollo del bienestar físico, social y psicológico de ésta.

Esta conducta que no se ve está relacionada por un lado, con los pensamientos, sentimientos y las creencias, y por otro con las sensaciones físicas que experimentamos (taquicardias, sudor, tensión, relajación…).

Dependiendo de cuál sea nuestra conducta, nuestra forma de hacer, de decir, de pensar de sentir… ante una determinada situación, así serán las consecuencias positivas o negativas para nosotros y los demás, y por consiguiente, generará diferentes grados de bienestar o malestar. La conducta se aprende desde los primeros meses de vida.

Casi todos nuestros pensamientos, sentimientos y maneras de comportarnos NO son heredados, si no que vamos aprendiéndolos a lo largo de la vida gracias a lo que vemos que hacen otros o las consecuencias positivas/negativas de actuar de una forma determinada, con lo que también podemos desaprenderlos y aprender otros nuevos.

Los padres, los familiares, profesores, amigos, compañeros y la sociedad en general podemos y debemos, influir positivamente en la conducta de los demás y en su desarrollo, sobre todo de los más pequeños, para que desde los primeros años se automaticen conductas adecuadas. Para ello es esencial conocer cómo se aprende la conducta y qué estrategias podemos utilizar para incrementar las conductas adecuadas, que como dijimos anteriormente, no son solo las que se ven.

En el desarrollo del bienestar personal, es muy importante la forma de pensar que tenemos ante las situaciones. Es por ello que hay que enseñar a pensar apoyándonos en la experiencia, sin distorsionar ni exagerar, enseñar a pensar en términos de deseos y preferencias y NO de necesidades o exigencias.

Pongamos normas y límites firmes pero razonables y apropiados. Apliquemos consecuencias contingentes a la mala conducta.

Elogiemos y estimulemos los logros ya que no hay nada más potente y con consecuencias más positivas para la persona que el refuerzo y el reconocimiento de una buena actuación.

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Leti.

gabinete castello psicologia

Leticia García Castelló